
21/09/2026
Resumen: Hay un episodio de El Niño en curso que, según la Organización Meteorológica Mundial, podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. En México sus efectos no se sienten igual en todas partes: puede cambiar las lluvias, las cosechas y, con ellas, los precios. No se trata de predecir exactamente qué pasará, sino de entender qué parte de un negocio depende del clima (insumos, proveedores, agua) y qué haría diferente si midiera mejor ese riesgo.
En 1998, los precios de frutas y verduras en México subieron y se convirtieron en uno de los factores que más empujaron la inflación de ese año, según Banco de México. Parte de la explicación no estaba en el país, sino en el océano Pacífico.
Ese año hubo un episodio fuerte de El Niño: un cambio en el que las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo habitual y terminan modificando la lluvia, la temperatura y los vientos en buena parte del mundo. Su contraparte es La Niña, cuando esas aguas se enfrían, y entre ambas hay una fase neutral. Juntas forman un patrón natural llamado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El nombre lo pusieron pescadores de Perú, que hace siglos notaron que algunos años el mar se calentaba cerca de Navidad. Lo llamaron así por el Niño Dios.
No es un fenómeno nuevo ni lo provocó el cambio climático: ha ocurrido durante mucho tiempo y de forma irregular. Lo que sí cambió es el contexto. En un planeta más caliente, algunos de sus efectos pueden amplificarse.
El Niño no significa lo mismo en todo el país
Banco de México analizó datos climáticos de alta resolución de todos los municipios entre 1980 y 2024, en su Reporte sobre las Economías Regionales de enero-marzo de 2026. Su conclusión: El Niño y La Niña dejan patrones distintos según la región y la época del año.
Durante El Niño, el centro y el sur tienden a registrar más calor, y la lluvia disminuye en buena parte del país durante primavera y verano. Eso importa porque esos meses concentran una parte importante de la precipitación anual y coinciden con el ciclo agrícola Primavera-Verano, que depende en gran medida de ella. La Niña, en términos generales, hace lo contrario.
Pero la relación con la sequía no es automática. La más intensa del periodo analizado, la de 2011-2012, ocurrió durante La Niña. La de 2023-2024 coincidió con El Niño. Y en 2015-2016, con el episodio de El Niño más intenso del periodo, los niveles de sequía fueron relativamente bajos. La duración de la fase neutral y las lluvias entre un episodio y otro también cuentan.
Es decir: El Niño cambia las probabilidades, no dicta el resultado. Y para una empresa, eso significa que el riesgo depende menos del fenómeno en sí que de dónde opera y de quién depende.
Del clima a los precios
Cuando cambian la lluvia y la temperatura, cambian los rendimientos agrícolas, el agua disponible y las condiciones en que operan muchas actividades. Banxico señala que esto es especialmente relevante para el sector agropecuario.
Los ejemplos recientes muestran lo rápido que se nota. En el primer trimestre de 2026, la producción de naranja aumentó en Tamaulipas y Nuevo León al disiparse la sequía, mientras que en el sur el exceso de lluvia retrasó las cosechas de plátano, mango y cítricos. No todo eso puede atribuirse a El Niño: también influyen los precios, el riego, la infraestructura y la demanda. Pero sí muestra cómo el clima llega a bienes de consumo cotidiano.
El paso siguiente son los precios. Un estudio publicado en Ecological Economics (Ventosa-Santaulària, 2024) analizó cómo El Niño y La Niña modifican la forma en que los shocks económicos se trasladan a la inflación en México. Encontró que, bajo condiciones climáticas adversas, un shock de demanda de 1% generó 0.90 puntos porcentuales más de inflación acumulada en 12 meses que bajo condiciones neutrales, con efectos mayores en los precios agrícolas.
Eso no significa que la inflación se explique por El Niño. Significa que el clima puede cambiar las condiciones bajo las que funciona la economía.
Lo que importa ahora
El 3 de septiembre de 2026, la OMM confirmó que el episodio actual se consolidó y que se intensificará en los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de año. Además, estima una probabilidad alta de que persista hasta febrero de 2027.
Vale la pena una precisión: la evidencia científica no permite afirmar que El Niño ocurra cada vez con más frecuencia, ni que cada episodio sea más intenso por el cambio climático. Lo que sí se sabe es que el calentamiento global está cambiando el contexto en el que ocurre y puede amplificar algunos de sus impactos.
En la práctica, la exposición cambia según el tipo de empresa. Para una de alimentos, puede significar más volatilidad en el costo de sus materias primas. Para un supermercado, cambios en disponibilidad y precios. Para una aseguradora, un riesgo distinto en ciertas regiones y actividades. Para un banco, más exposición a clientes agrícolas. Y para quien usa mucha agua, una pregunta muy concreta: qué pasa con la operación si el agua disponible cambia.
Lo que si se puede hacer: saber dónde esta la exposición
No hace falta predecir qué hará El Niño. El primer paso es más sencillo: identificar qué materias primas dependen del clima, qué proveedores están concentrados en regiones vulnerables, cuánta agua necesita la operación y de dónde viene, y qué pasaría con los costos si una cosecha cae 10% o una cadena de suministro se detiene unas semanas.
Para algunas empresas, esto revela un riesgo que ya intuían pero nunca habían cuantificado. Para otras, abre opciones: diversificar proveedores, mejorar el riego, ajustar inventarios, revisar coberturas de seguros o incorporar escenarios climáticos en la planeación. Son decisiones que, como los presupuestos, conviene tomar con tiempo.
Porque la pregunta de fondo no es qué hará El Niño este año, sino qué decisiones seguimos tomando bajo el supuesto de que el clima se va a comportar como antes.
Fuentes
Organización Meteorológica Mundial (2026). El Niño / La Niña. wmo.int/es/temas/el-nino-la-nina
Organización Meteorológica Mundial (3 de septiembre de 2026). El Niño alcanzará una intensidad muy fuerte e incrementará el riesgo de que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos hasta entrado 2027. wmo.int
Banco de México (2026). Reporte sobre las Economías Regionales, enero-marzo 2026. Recuadro 2: Impactos climáticos del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur en las regiones de México. banxico.org.mx (PDF del recuadro)
Ventosa-Santaulària, D., Tapia, E. y Pérez-Peña, A. K. (2024). Inflation dynamics under different weather regimes: Evidence from Mexico. Ecological Economics, 220, 108179. doi.org/10.1016/j.ecolecon.2024.108179
Banco de México (1999). Informe Anual 1998.
NOAA. Understanding El Niño & ENSO. noaa.gov/understanding-el-nino
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-Puvella
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